Sunkisses Goddess, lanzado en 2024 por Kilian y creado por Calice Becker, nace como una reinterpretación lujosa del aceite de Monoï, ese elixir polinesio asociado al sol, la piel dorada y la sensualidad serena del verano. La idea no se construye desde un exotismo estridente, sino desde una imagen precisa y reconocible: el aroma del aceite de bronceado, el calor que permanece sobre la piel y la luz del sol cuando parece quedarse suspendida al final del día.
La salida une ylang ylang y flor de tiaré para presentar de inmediato esa faceta floral solar que define la fragancia. El acorde tiene una textura envolvente y luminosa, con un carácter cremoso que remite a flores blancas calentadas por el sol. En el corazón, el coco y la vainilla amplían esa impresión de piel satinada, de verano lento y de confort sensual. No se trata de una dulzura pesada, sino de una suavidad envolvente que hace el perfume más táctil, casi como si reprodujera el resplandor dorado de un aceite sobre los hombros.
El fondo introduce bois de gaïac y ciste labdanum, dos notas que anclan la composición y le dan un cierre más profundo. La madera aporta una calidez serena, mientras que la resina suma densidad y un matiz ambarado que evita que la fragancia se quede únicamente en lo solar o lo cremoso. Ese contraste es clave en la construcción de Calice Becker: la sensación veraniega se mantiene, pero adquiere estructura, presencia y un perfil más refinado sobre la piel.
Dentro de la familia floral, Sunkisses Goddess propone una lectura especialmente carnal y luminosa del verano. Evoca la comodidad del cuerpo templado por el sol, la nostalgia amable de unas vacaciones y esa seguridad relajada que dejan ciertos aromas asociados al cuidado de la piel. Es una fragancia que habla de luz, de calidez y de una sensualidad tranquila, más cercana al brillo de la piel que al exceso.