Presentado por Penhaligon's en 2017 y firmado por Marie Salamagne, Yasmine se construye alrededor de una idea precisa de sensualidad ambarada. La inspiración oficial sitúa su mirada en Londres y en un buen partido, un punto de partida que introduce ambición, encanto y una elegancia segura de sí misma. Esa tensión entre sofisticación social y deseo íntimo define bien el tono del perfume: envolvente, afirmado y con una teatralidad medida.
La salida abre con cardamomo y café, una combinación que aporta contraste desde el primer instante. El cardamomo introduce un matiz especiado, fresco y ligeramente aromático, mientras el café aporta una oscuridad tostada que vuelve la apertura más densa y más seductora. No es una salida estridente; más bien prepara la escena con una calidez inmediata y un pulso casi nocturno.
En el corazón, el jazmín sambac despliega el centro emocional de la composición. Su presencia es floral, cremosa y intensamente femenina, pero encuentra un contrapunto interesante en el abeto, que aporta una faceta verde y resinosa. Gracias a ese diálogo, Yasmine evita apoyarse solo en la exuberancia floral y gana estructura, relieve y una elegancia más seca. El jazmín no aparece aquí como adorno, sino como núcleo de carácter.
El fondo reúne vainilla, oud e incienso, y ahí la fragancia encuentra su verdadera profundidad. La vainilla redondea el conjunto con una suavidad envolvente; el oud introduce un trazo amaderado oscuro y serio; el incienso eleva todo con una dimensión ahumada, casi ceremonial. El resultado transmite una sensación reconocible de proximidad sofisticada: la calidez de una piel perfumada al final de la tarde, cuando lo floral aún respira y las maderas empiezan a asentarse con calma. Yasmine habla de presencia y magnetismo, pero lo hace con una construcción cuidada y un lenguaje olfativo muy claro.